¿Cómo afecta el tabaco a nuestra piel?

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Es bien conocido que somos lo que comemos. Una dieta equilibrada y variada nos ayuda a mantener nuestro organismo joven, sano y fuerte. Una adecuada alimentación mantendrá nuestra piel sana e hidratada.

Pero no solo de ella depende la calidad de nuestra piel, sino que todos nuestros hábitos la determinan: practicar deporte, la exposición a temperaturas extremas, el cuidado, el estrés, el sueño o el tabaco. La piel es un fiel reflejo de nuestro estado de salud y no todos los fumadores son conscientes de que el tabaco daña sus pulmones, así como su piel.

Efectos del tabaco en la piel

El humo del tabaco es una gran fuente de radicales libres que la dañan la piel. Más de 60 sustancias nocivas procedentes de los cigarrillos contribuyen a la aparición de características que muestran el deterioro que el tabaco provoca: formación de arrugas profundas, piel envejecida y amarillenta y pérdida de luminosidad. De hecho, existe una expresión, ‘cara del fumador’, referida a los rostros que muestran estos signos de tabaquismo. La aparición de estos signos está directamente relacionada con el número de cigarrillos consumidos. Así, cuanto más se fuma más empeora el estado de la piel.

Pero no solo contribuye en la aparición de arrugas, sino que el tabaco también tiene efectos que menos visibles conocidos como patogénicos. Estos efectos son múltiples:

  1. Contrae los minúsculos vasos sanguíneos de las capas inferiores de la piel, con lo que disminuye la circulación sanguínea.
  2. Disminuye la oxigenación y los nutrientes.
  3. Favorece la formación de radicales libres, que aceleran el envejecimiento y favorecen la aparición de enfermedades.
  4. Altera la respuesta inmune e inflamatoria.
  5. Modifica la respuesta de las hormonas sexuales a nivel cutáneo.
  6. Reduce hasta un 50% la capacidad antioxidante de la sangre.

Todos estos efectos se traducen sobre la piel en un aumento de riesgo de algunos tipos de cáncer de piel y el desarrollo o empeoramiento de enfermedades inflamatorias.

Beneficios de dejar de fumar

El primer órgano que se beneficia del abandono del tabaco es la piel. Los daños producidos pueden revertirse en cierta medida si la persona deja de fumar y se cuida. Pero para recuperar la salud de nuestra piel es necesario ser constante y adoptar una rutina de cuidado. Existen cremas tópicas con ácido retinoico, retinol y ácido glicólico que facilitan la renovación de las capas de la piel. Por su parte, los serum con vitamina C pueden ser beneficiosos, ya que devolverán la luminosidad e hidratación de nuestro rostro.

Otras formas de cuidarse son evitar la exposición solar, responsable del envejecimiento prematuro, y tener una buena alimentación, como ya te habíamos comentado antes. Una dieta rica en vegetales y proteínas ayuda a regenerar la piel en los momentos en los que se produce la renovación, pero también en antioxidantes para eliminar los radicales libres.

Los tratamientos de técnicas faciales también pueden servir: un peeling químico renovará las capas de la piel, mientras que una terapia lumínica de baja intensidad estimulará la microcirculación y el metabolismo celular, con lo que volvería la coloración sonrosada y la iluminación.

Hábitos saludables

Si te preocupa el estado de tu piel debes tener en cuenta todos los hábitos de tu vida.  Ya sabes: haz deporte, no a la expongas a temperaturas extremas, cuídala e hidrátala, duerme bien y no fumes.

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